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La Universidad no quiere ni puede aprender de la violencia como forma de abordar los conflictos



Por: Comité rectoral - Universidad de Antioquia


Los mejores atributos de la Universidad no pueden ser usados en su contra. Si es pública, si se le reivindica como tal, es absurdo que se tomen abruptamente las formas de control de acceso a sus campus o que se reclamen, de hecho, pedazos de la universidad como si pertenecieran a causas superiores pero específicas.

La Universidad de Antioquia reitera su preocupación por la situación que se presenta en la Ciudad Universitaria, desde el 1 de julio del 2021, con ocasión del ingreso de un grupo de personas y la instalación de un campamento sin autorización y sin atención de ninguno de los protocolos de bioseguridad vigentes. Durante las tres semanas de ocupación, ha sido imposible tener certeza sobre la procedencia o el vínculo de estas personas con la Universidad. Las comunicaciones dadas a conocer desde el campamento no permiten siquiera precisar la finalidad de la ocupación ni los colectivos que la reivindicarían. La administración de la Universidad, no obstante, ha permanecido atenta a la situación y a los riesgos que esta representa para quienes allí permanecen y para quienes ingresan al Campus a desarrollar labores administrativas y académicas excepcionadas. Por tal razón, en su momento y con todas las implicaciones logísticas que ello significó, la institución tomó la decisión de modificar las jornadas del examen de admisión programadas en el Campus principal. Los mejores atributos de la Universidad no pueden ser usados en su contra. Si es pública, si se le reivindica como tal, es absurdo que se tomen abruptamente las formas de control de acceso a sus campus o que se reclamen, de hecho, pedazos de la universidad como si pertenecieran a causas superiores pero específicas que, sin embargo, invocan precisamente aquel atributo de lo público. Si se le lleva en el alma y en la piel, es inexplicable que se le fuerce para hacer visible todo aquello que, sin embargo, excede sus propias posibilidades. Si se le defiende, no es comprensible que se le trate con irresponsabilidad y desdén. La sociedad sabe muy bien lo que la Universidad de Antioquia representa para ella y lo que sus estamentos y unidades académicas han hecho para enfrentar la crisis desatada por la pandemia; para mantener su acompañamiento e incrementar la atención a muchas personas y a comunidades; para propiciar el análisis, la crítica y la búsqueda de salidas a problemas de largo plazo y a la coyuntura por la que atraviesan el país, la región y la ciudad; para conservar el empleo y la vinculación de sus empleados, profesores, auxiliares y monitores; para evitar la deserción y para diseñar alternativas que impidan hasta el límite de lo posible afectar el funcionamiento de la universidad. La Universidad ha dado y da todo lo que puede dar, pero no tiene la llave de las soluciones inmediatas y plenas a las inequidades históricas que, con razón, se denuncian hoy en el país. Despreciar lo que ella hace y puede seguir haciendo por el bienestar de las poblaciones más vulnerables; decir que ella está quieta, es especialmente injusto con los profesores, investigadores, estudiantes y empleados que la han mantenido activa con un gran esfuerzo. Esta institución de educación superior pública no es un universo infinito de recursos y posibilidades. Es un lugar frágil, sobre todo cuando se pone en tensión su propia naturaleza con la de las demandas que ella no está en capacidad de atender. No obstante, la misma Universidad participa de esas demandas, ponderando eso sí los medios disponibles y más efectivos, y en todo caso priorizando el diálogo y resaltando el carácter crítico de los universitarios. A los daños que en las últimas semanas algunas personas han provocado en su patrimonio artístico y en las infraestructuras universitarias, como el Edificio de Extensión, la universidad solo puede responder con una apelación al desistimiento y la cordura de los protagonistas de esos hechos, y a la solidaridad y a la palabra protectora de estudiantes, profesores, empleados, egresados y jubilados de la institución. La Universidad no sabe ejercer la violencia, y con grandes dificultades se ha dedicado incansablemente a evitarla. No conoce otra fórmula que la palabra y es a la que recurre ahora. La Universidad puede ser desafiada con éxito por la violencia o por el uso incontrolado de la fuerza. Pero ella, que las ha padecido por décadas, ha demostrado progresivamente que no quiere ni puede aprender sobre esa forma de abordar problemas y conflictos. Finalmente, la institución reconoce las grandes expectativas de un retorno programado y atado ya no solo a las fluctuaciones de la pandemia. Sabemos que gran parte de la comunidad universitaria desea volver al aula, al saludo cercano, al encuentro. Pero esta Universidad sabe de qué habla cuando se refiere a la pandemia, sus académicos y expertos han señalado de diversas formas los errores que no se pueden cometer, so pena de poner en riesgo la vida de las personas. Y este, el de la vida, es otro de los valores con los cuales se encuentra comprometida irrestrictamente la Universidad. Por eso seguirá tomando en cada momento, con el mayor cuidado, las decisiones que estén en su competencia y se avengan con su naturaleza y con sus compromisos.

Comité Rectoral 21 de julio del 2021

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