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Estado Mundial: los tiranos socialistas pactan con la ONU

Las izquierdas latinoamericanas han encontrado el camino perfecto para que nadie se meta con sus gobiernos dictatoriales, y llevar sus viejos anhelos de patrias grandes, unidad bolivariana, e internacionalismo socialista a una escala mayor: pactar con la ONU un Estado Mundial rojo.


por: Raul Tortolero en Amiguismo, Columnistas, Corrupción, Opinión, Política


El Estado Mundial es el sueño dorado de todo globalista, el caro ideal perseguido por las élites globalistas desde hace décadas, y las izquierdas latinoamericanas han visto hoy la posibilidad de perpetuarse en sus gobiernos guiñándole el ojo a la ONU. (PanAm Post)


El embajador del régimen de Nicolás Maduro ante la ONU, Samuel Moncada, el 6 de diciembre pasado anunció lo que para él y “el pueblo soberano” de Venezuela es una victoria: que la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) haya aprobado “reconocer las credenciales del gobierno del presidente Nicolás Maduro como representante legítimo de la República Bolivariana de Venezuela”.

Esto no puede sino entenderse como un respaldo que le brinda esa institución a un tirano que no tiene legitimidad alguna, y que permanece en el poder no mediante elecciones libres y legítimas, sino con todo tipo de trampas, mientras sigue empobreciendo a la gente y causando una migración de millones de venezolanos.


Maduro, cabe no olvidar, es alguien por quien la DEA ofrece una recompensa de 15 millones de dólares, señalándolo para procesarlo por delitos de narcotráfico en asociación con las FARC.

Interesante resulta preguntarnos si la convalidación que hace la ONU al dictador Maduro estaba pactada entre tal institución y un nutrido bloque de países con gobiernos socialistas, muchos de los cuales ya abrigaban planes comunes desde la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), o sus partidos y líderes, desde el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla.


Hemos escrito sobre la conformación de un bloque socialista en América Latina, un nuevo eje rojo, en mucho liderado por Andrés Manuel López Obrador, el presidente de México.

Resulta que casi 3 meses antes del reconocimiento de la ONU a Maduro, el mandatario mexicano ya estaba planteando que esa organización fuera la instancia adecuada para resolver toda controversia sobre democracia y sobre derechos humanos, dos temas sumamente sensibles.

El 18 de septiembre pasado, durante la 7ª Cumbre de la CELAC, con sede en México, y con la presencia de tiranos como Miguel Díaz-Canel, de Cuba, y Maduro, de Venezuela; López Obrador dijo:

“Que las controversias sobre democracia y derechos humanos se diriman a petición de las partes en instancias verdaderamente neutrales creadas por los países de América y que la última palabra la tengan las agencias especializadas de la Organización de las Naciones Unidas”.

Hay que poner especial atención en que alguien que había sido definido como “soberanista”, o “nacionalista”, y que en su narrativa a menudo hace hincapié en el respeto a la “libre autodeterminación de los pueblos”, y al concepto de “no intervención” extranjera en asuntos nacionales, ahora proponía que fuera la ONU la que se encargara de definir temas de enorme trascendencia.

Según tales declaraciones, la ONU podría, precisamente, avalar si un gobierno es o no democrático, aunque no lo sea en realidad, aunque esté gobernado por un dictador que suprime las libertades de su pueblo y lo hunda en la miseria.

No se puede dejar de pensar en los casos de Cuba, Nicaragua y Venezuela. ¿Son democráticos? ¿Ahora la ONU podrá declararlos “democráticos” y legítimos? Bueno, pues eso es justo lo que acaba de hacer con Venezuela, donde en lugar de reprobar lo que a todas luces es un régimen ilegítimo, autoritario, represivo, le da “la bendición” y lo exonera de facto de todo “pecado” político.

Algo está ocurriendo en la ONU, porque su Asamblea General, de 193 países, sólo 16 no habrían brindado el reconocimiento a Maduro. ¿Las izquierdas son mayoría ahí ya? Sin duda el bloque de países rojos latinoamericanos está influyendo en estas decisiones. El marxismo posmoderno ha tomado el control de la ONU, encajando perfecto en el globalismo que se desplegaba en tal casa.

Nada casualmente, en el Consejo de Seguridad de la ONU, López Obrador, puso sobre la mesa el 9 de noviembre pasado las propuestas más radicales de su vida, y que tendrían como objetivo acabar con la pobreza de 750 millones de personas, -ya no sólo en México-, sino en todo el mundo.

Por eso es que habría escogido ese espacio –uno donde habitualmente se habla de defensa, de ejércitos, de conflictos violentos- para hablar del combate a la pobreza. Es decir, el enfoque de López Obrador y su eje rojo latinoamericano, es asumir a la pobreza como un asunto de seguridad.

Por ello es que su propuesta para resolver la pobreza es igualmente enorme: la creación de un Estado Mundial, y que tendría como eje político la implementación de un “Plan de Fraternidad y Bienestar”.

El mensaje es: señores ricos del mundo, evítense conflictos, insurrecciones armadas de los pobres, y antes que les arrebaten su dinero, mejor donen el 4 % de su fortuna. También, que los miembros del G-20 entreguen el 0.2% de su PIB.

El G-20 está integrado por países ricos, como Alemania, Arabia Saudita, Estados Unidos, Canadá, Francia y Reino Unido. Pero también por otros que realmente pasan aprietos económicos, como: Argentina, Brasil, y México (que tiene unos 52 millones de pobres, de una población de 130 millones). Esto es, resulta disparejo e injusto que tuvieran que poner dinero los países en desarrollo, justamente para combatir la pobreza “en el mundo”.

Una de las líneas que subyace en esta propuesta es la desaparición de las clases medias. En un Estado Mundial, de corte socialista y totalitario, sólo se necesitan los gobernantes y una sola clase social: la de los pobres. Las clases medias salen sobrando en esta ecuación.

La clase “proletaria” podría vivir de los cheques del gobierno, bajo una fórmula de vasto asistencialismo con claros fines electorales. Si en un cuarto viven 10 personas de una familia, por ejemplo, recibirían su cheque los abuelos, las madres solteras, los estudiantes. Esto es, quizá 7 personas no tendrían que hacer nada para obtener el cheque del “Estado Mundial”.

El Estado Mundial es el sueño dorado de todo globalista, el caro ideal perseguido por las élites globalistas desde hace décadas, y las izquierdas latinoamericanas han visto hoy la posibilidad de perpetuarse en sus gobiernos guiñándole el ojo a la ONU, en cuyas manos estaría el control de tal proyecto.

Las izquierdas latinoamericanas han encontrado el camino perfecto para que nadie se meta con sus gobiernos dictatoriales, y llevar sus viejos anhelos de patrias grandes, unidad bolivariana, e internacionalismo socialista a una escala mayor: pactar con la ONU un Estado Mundial rojo, para ganar convalidación y legitimidad. Todos ellos ganan. Pierde la democracia, pierde la libertad. Foco rojo.


De: panampost.com


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